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Junio

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A continuación presentamos la décima parte del diario de planificación universitaria de María. María nos comparte sus pensamientos y experiencias durante su último año en la secundaria y su primer año en la universidad.

Esta tarde me encuentro en el aislamiento atractivo de mi cama y escribo mientras me escapo del calor insoportable del verano en Miami. Miro hacia mi escritorio, el amigo de madera siempre tapado por un amontonamiento de libros y lápices, pilas de papeles, notas escritas a mano descuidadamente y recordatorios. Ahora el escritorio está limpio, organizado y sin polvo, casi privado de las huellas que se quedan después de una larga travesía por la secundaria. En el escritorio se pueden encontrar un diploma, marcos con fotos de amigos y una caja con recuerdos. En la esquina de mi cuarto, un birrete de graduación adornado con una borla dorada proyecta un aspecto lleno de tristeza. Todo solloza porque pronto me iré y recibiré la bienvenida de un cuarto nuevo, un escritorio nuevo, una cama nueva.

Sueño despierta con Harvard y con el entusiasmo de lo desconocido. Me imagino en que dormitorio viviré, las caras nuevas que conoceré, las caminatas al comedor Annenberg con su ambiente mágico estilo Hogwart. Ya estoy lista para la libertad de estudiar lo que despierte la pasión en mí y no un conjunto rígido de cursos que me exigen. Hasta han cambiado mis planes relacionados con la especialización que iba a escoger. A pesar de que voy a estudiar un programa con orientación hacia las humanidades, no estoy segura que disciplina seleccionaré. ¿Será sociología, psicología, historia y literatura u otras asignaturas afines? Lo que decida puede determinar las oportunidades de estudiar en el extranjero y la interacción con profesores prominentes cuyas enseñanzas pueden inspirarme y motivarme. En estos momentos estas preguntas flotan, sin respuesta, en mi mente. Confío en que, con la ayuda de mi consejero, los asesores de mi edad y los estudiantes de último año aprovecharé al máximo este nuevo capítulo de mi vida.

Cruzo este umbral llena de confianza en mí misma y con grandes expectativas. Me he convertido en una mujer madura que no teme las aventuras nuevas y los retos. Ciertamente, he crecido y me he separado de aquella adolescente de 14 años, la niña una vez perdida en lo complejo de un sistema educacional extranjero. La niña que empezó el bachillerato sólo con un diccionario español-inglés bajo el brazo y su determinación como únicos acompañantes para la travesía escolar

Este nuevo ser ha sido moldeado tanto por los buenos ratos como por los malos. He aprendido de las experiencias positivas y negativas porque me proporcionaron la oportunidad de crecer.

La barrera del idioma fue el desafío que me hizo lograr la elocuencia, controlar la gramática en inglés y tener éxito en el bachillerato de los Estados Unidos. Aprendí que los antecedentes lingüísticos y culturales, el acento o la fuerza de la identidad de cada uno no es lo que forma al estudiante. Aprendí que la perseverancia, la dedicación y la autodisciplina son tan o más importantes como la habilidad académica. Aprendí que si uno no es proactivo solo logrará resultados mediocres. Aprendí que se necesita tener un equilibrio entre lo académico y las actividades sociales para ser más completo y llegar a desarrollar plenamente su potencial. Aprendí que a veces es más difícil ser buen miembro de un equipo que ser su líder y que ninguno de estos papeles se debe descuidar ni dejar sin explorar. Aprendí sobre el valor de la motivación, de aprender por aprender, de mantener las ideas independientes.

Como estudiante de primer año, lentamente empecé a descubrir que no hay caminos ni enfoques fijos que seguir para tener éxito en la secundaria ni para poder asistir a la universidad de mis sueños. Aprendí que primero uno tiene que definir sus intereses y talentos y luego usar los recursos disponibles. Algunas veces, la influencia que ejercen los compañeros o hasta la información errónea nos puede llevar a diseñar un curso académico o extracurricular que no nos ayuda a desarrollar plenamente nuestro potencial. Un estudiante de primer año quizás no se de cuenta de que las selecciones que haga serán de importancia crucial en el proceso de planificación universitaria. Pero, el comité de ingresos sí podrá ver con claridad lo que indican las notas y los currículos si estos no representan en realidad quién es el estudiante.

Mi consejo es tomar parte en actividades que uno disfrute y con las que uno se puede comprometer por largo tiempo. En lo académico, haga esto equilibrando el rigor y la pasión. Las universidades buscan a los estudiantes que crearon su propio desafío con el currículo más exigente pero también les dan valor a los estudiantes que mantienen su enfoque en un área académica específica. En lo extracurricular, uno debe ingresar en grupos que le estimulen intelectual y socialmente. Las universidades están ansiosas de tener líderes, individuos orientados hacia la comunidad, estudiantes que manejan su tiempo sabiamente y no solo hacen mucho sino que lo que hacen, lo hacen bien. Las actividades extracurriculares le ofrecen la oportunidad de demostrar esas cualidades.

También es importante contar con una estrategia. Reuniones frecuentes con consejeros, conversaciones con estudiantes exitosos de último año que van camino a la universidad y una disposición de expandir la red social pueden ser de una ayuda increíble al hacer la transición del bachillerato a la universidad. Yo usé esos recursos al trazar mi plan de ataque cuando llegó la hora de pensar sobre las solicitudes de ingreso a la universidad. Me ayudaron a determinar cuál sería el momento apropiado para tomar los exámenes estandardizados, entender la diferencia entre los programas "Early Action" y "Regular Action" y escribir sobre los temas de composiciones para la universidad. De nuevo, todo se trata de ser proactivo.

Durante esos años iniciales, la experiencia laboral también proporciona más de un beneficio. Las universidades quieren estudiantes que hayan demostrado responsabilidad y conocimientos en un campo de trabajo. Pero, la experiencia laboral también le permite explorar posibles carreras y desarrollar destrezas de liderazgo y comunicación. Para mí, trabajar con ACT me ha abierto una infinidad de puertas. Todo en lo que participé me permitió crear recuerdos duraderos de mi último año y desarrollar mi habilidad de escribir y ni se diga el poder llegar a un público nacional y ayudar a otros estudiantes con su planificación universitaria. Sin embargo, todavía más importante es que tuve la oportunidad de interactuar con un equipo de profesionales que me desarrollaron un fuerte sentido de cooperación, autodisciplina y excelencia.

Ahora, mientras me veo en el espejo ovalado frente a mi cama, veo una mezcla dinámica producto de todas las experiencias, todas las actividades, todas las decisiones que conlleva la vida escolar de preparación universitaria. La sensación que me embarga es agridulce cuando me invaden tanto un exceso de nostalgia como de entusiasmo. Siento nostalgia porque he dejado atrás una zona de comodidad, porque los brazos protectores de mis padres y maestros no me rodearán en esta nueva independencia. No obstante, me siento entusiasmada porque me esperan más desafíos y sorpresas y porque, por lo menos, estaré en posición de aprovecharlos porque ahora siento más valentía y confianza en mí misma.

Más que todo, sin embargo, me siento llena de satisfacción. El consuelo que me proporciona mi cuarto se esfuma con la llegada de mi hermana de 10 años que me muestra una sonrisa refrescante. Al mirarla, me doy cuenta de que mi trayecto por la secundaria, por la vida misma, ha adquirido nuevas dimensiones, nuevos significados. De pronto me doy cuenta de que ya no se trata todo de mí sino de mi hermana. Se trata de inspirarla a que se convierta en lo mejor que puede llegar a ser, se trata de ser un ejemplo duradero que la convenza de que el concepto de la imposibilidad no existe cuando hay dedicación y pasión. Me siento muy satisfecha porque creo que mi hermana lo sabe. Luego, me sonrío porque sé que he logrado lo que debía lograr.



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