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Enero

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A continuación presentamos la décimoquinta parte del diario de María. María nos comparte sus pensamientos y experiencias durante su último año en la secundaria y su primer año en la universidad.

Uno se siente tan bien cuando escribe desde el calor del hogar, relajándose con temperaturas cálidas y la satisfacción de ver finalizado el primer semestre universitario. Justo ayer terminé mis exámenes finales y todavía me estoy recuperando de la experiencia. Fue una jornada intensa de tres días, nueve horas en total, sin contar repasos de último minuto y el reloj despertador que me despertaba todas las mañanas y marcaba el inicio de la ansiedad.

Debo admitir que mis vacaciones de invierno no fueron muy productivas que digamos en lo que al estudio respecta. Aunque me aseguré de empacar todos los libros y carpetas para comenzar a prepararme temprano para los exámenes, los libros no se movieron de los estantes. Por un lado, esto hizo que dedicara más tiempo a mi familia y a recargar las pilas de verdad mientras me desconectaba del mundo académico. Por el otro, el no abrir los libros en tanto tiempo hizo que al regresar a la universidad, dos semanas después, la realidad fuese más dura de sobrellevar. Ahí estaba yo a dos semanas de examinarme y al borde del pánico. Dejando a un lado el equipaje, diseñé un plan de estudio así como un horario diario y programé el reloj despertador para las ocho de la mañana. Había llegado la hora de apresurar el paso. Ya el reloj estaba andando.

Solamente tenía tres exámenes puesto que el seminario para alumnos de primer año era un curso sin nota cuantitativa el cual se suspende o se aprueba y no requiere examen final. Por este motivo dividí el tiempo entre Política Comparada, Nanotecnología y Microeconomía. Me di cuenta de que necesitaba refrescar todo el material estudiado, porque había olvidado algo con el calor de los días en Miami. Así que me dispuse a releer todas mis notas y hasta el libro de texto de economía entero. Ahora me alegro de haber hecho esto ya que el examen incluyó detalles mínimos que muy fácilmente habría podido descuidar si no hubiera revisado el libro nuevamente. Para la clase de gobierno, el material a examinar se componía de dos gruesos libros de 4,000 páginas cada uno así que lo más eficiente fue unirme a un grupo de estudio. Estos grupos son muy populares en la universidad ya que la magnitud de las tareas a veces dificulta el trabajo exclusivamente individual. Cuando muchos estudiantes de la misma clase deciden entonces unirse a un grupo de estudio, cada uno es responsable por la lectura y análisis de una de las tareas. El resumen y análisis de la misma luego pasa a los demás integrantes del grupo. Esta guía de estudio resultó ser una gran ayuda para el examen final de gobierno pero solamente como una forma de "refrescar" el material. Me siento mucho más cómoda leyendo todo yo misma durante el semestre y creando mis propias interpretaciones y conclusiones. No hay duda de que la guía de estudio es solamente un complemento y nunca un sustituto para el aprendizaje.

Otra herramienta útil para estudiar fue el sitio de Internet de la universidad que contiene exámenes de años anteriores que los estudiantes pueden usar para repasar. Sacándole máximo provecho a este recurso, tomé cada examen asegurándome de imitar lo más posible el momento real del mismo. Con este propósito me despertaba muy temprano y comenzaba los exámenes prácticos a las nueve, como lo haría durante los exámenes verdaderos. También medía el tiempo, para poder ir más rápido. No obstante, lo más importante fue asistir a las sesiones de repaso que los profesores ofrecieron. En ellas, hay oportunidad para aclarar dudas, obtener información de las mismas personas que crean los exámenes y comparar métodos de estudios con los compañeros de clase.

Al fin, las dos semanas de guías de estudio, exámenes prácticos y repasos se evaporaron para dar paso al primer día de exámenes. Confiaba en que me había preparado lo mejor posible. Ahora era sólo un asunto de pensar estratégicamente y no dejarme distraer por el nerviosismo.

Mi primer examen fue Microeconomía. Durante tres horas en un auditorio inmenso, los lápices arañaban con sus puntas las libretitas azules, trazando gráficos de oferta y demanda así como de elección del consumidor, mientras los profesores vigilaban, atentos, y los estudiantes, sus cuellos doblados adoloridos, se enfocaban en aquellos problemas escritos en páginas interminables. Había estudiado el material exhaustivamente así que pude responder y revisar cada pregunta. De todas formas una no puede confiarse pues los exámenes en esta clase se califican en base a una curva. A veces, sentir que uno salió bien en un examen puede ser peligroso pues otras personas pueden sentir lo mismo y la nota depende de cuán bien salgan los otros.

El día siguiente tuve el examen de Política Comparada, seguido por Nano-Tecnología el jueves. Mi preparación para la clase de gobierno incluyó la escritura de varias composiciones sobre tópicos que especulé podrían formar parte de la sección de ensayos del examen. Así que el contenido de las composiciones no constituyó ninguna sorpresa y pude atacar cada tema con efectividad.

Ahora, mientras escribo desde casa, es difícil imaginarse que todo ha acabado. Dejé el aula donde se había efectuado el examen Nanotecnología conversando con algunos amigos, caminando hacia el comedor y comentando los planes de cada uno para las cortas vacaciones antes de que el segundo semestre empiece. El primero ha estado bastante ocupado, lleno de experiencias nuevas y crecimiento. Ayer, cuando hablaba con mi papá de regreso a casa desde el aeropuerto, me interrumpió y dijo: "¡Cómo has madurado . . .!" ¿Será así? Quizás. En realidad no queda otra opción en un entorno en el que una es responsable de su propio bienestar. Sobre esto estaba reflexionando hace un par de días, caminando por Harvard Yard. Mientras me paraba en frente de la biblioteca Widener, mis cabellos congelándose (literalmente), me di cuenta de verdad de lo mucho que he aprendido sobre gobierno y economía y ciencias pero también sobre relaciones públicas, sobre la verdadera teoría de la supervivencia del más fuerte y sobre la vida.



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