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Abril

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A continuación presentamos la décimo octava parte del diario de planificación universitaria de María. María nos comparte sus pensamientos y experiencias durante su último año en la secundaria y su primer año en la universidad.

Hace un día tan lindo hoy. El césped se ha cubierto de verde nuevamente y los árboles han empezado a florecer. Mientras caminaba a tomar el desayuno esta mañana, disfruté como nunca del calor y claridad de la primavera recién llegada. Todo el mundo está afuera llevando ropa deportiva y jugando con discos voladores, mientras las ardillas corretean por todas partes.

Este fin de semana, Harvard ha recibido a los estudiantes aceptados en la clase que se graduará en 2011con las celebraciones tradicionales. Ya que tenemos alrededor de mil visitantes cada año, los alumnos se ofrecen para hospedarlos en los dormitorios de primer año y casas de alumnos de último año. A mi me dio muchísimo gusto poder hospedar a dos muchachas. Ambas llegaron en la noche del viernes, una desde California y la otra desde Nueva York. Ha sido muy divertido enseñarles la escuela y responder todas las preguntas que traían. Ya se me había olvidado cuan atormentador el proceso universitario se hace al principio, cuando los estereotipos y los comentarios ajenos puede que infundan percepciones erróneas. Para dar un ejemplo, mis huéspedes estaban preocupadas sobre la actitud elitista de la población de Harvard y sobre la dificultad de crear amistades en una escuela tan grande. Les dije que, en realidad, la mayoría de las personas que había conocido aquí era muy sencilla y amistosa. Las exhorte entonces a que participaran por sí solas en los diversos eventos planeados; así conocerían a otros de su curso y descubrirían que lo que les decía era verdad. También les asegure que mientras más grande la escuela, más fácil es encontrar amigos. Ya que hay tantas personas con tantos intereses distintos, identificarse con un grupo de personas se hace inevitable.

En los próximos días, las chicas asistirán a diversas fiestas, paneles, debates y espectáculos que la universidad ha preparado para este fin de semana. Aunque seguramente las acompañaré en alguna que otra comida, quiero que tengan la independencia de conocer a otros colegas, explorar la ciudad de Cambridge y no sentirse atadas a mi propio itinerario.

El clima agradable y las celebraciones de este fin de semana han servido para contrarrestar la pena que invadió a nuestra universidad la semana pasada, cuando un grupo de estudiantes de la Universidad de Tecnología de Virginia fueron brutalmente asesinados. Ese día me encontraba yo regresando a mi dormitorio, después de clases, cuando me conecté en línea y apareció automáticamente la página del New York Times. Al fijarme en las noticias de primera plana, no podía creer lo que mis ojos estaban leyendo. Minutos después, mi papá llamó para preguntar si todo andaba bien. Tanto él como mi mamá habían acabo de escuchar las mismas noticias en la televisión. Al poco tiempo, en dormitorios, baños y pasillos, toda conversación trataba de los tiroteos. En cada cara se dibujaba la inseguridad y la discusión reflejaba un profundo sentimiento de solidaridad con la comunidad de la universidad de Virginia.

Cuando algo tan horrible ocurre, las consecuencias inevitablemente sobrepasan los límites geográficos y todos sentimos el mismo dolor. En cuanto se informó lo sucedido a nuestra universidad, el presidente del Consejo de Estudiantes de Harvard se puso en contacto con el presidente de Virginia Tech y le ofreció todo nuestro apoyo. El jueves, más de 200 estudiantes se reunieron en la escalinata de la iglesia para una vigilia en memoria de los fallecidos. El hospital cercano y la oficina de consejeros de la universidad también programaron horas de consulta para cualquier estudiante que sintiera la necesidad de desahogarse y depositar en algún profesional sus sentimientos sobre la tragedia.

A mí personalmente, la masacre me afectó mucho. Siempre me había sentido muy segura en Harvard. Aunque tenemos un campus abierto que recibe turistas a diario, siempre hay guardias alrededor y teléfonos de emergencia en muchos lugares. También tenemos autobuses que tienen rutas tarde por la noche para que los estudiantes en la calle a esas horas no tengan que caminar solos. Las medidas de seguridad definitivamente jugaron su papel en mi decisión de asistir a Harvard. Sin embargo, ahora me he convencido de que algunas tragedias son inevitables y de que, a pesar de toda precaución, siempre habrá algún riesgo.

Pero tampoco podemos convertirnos en seres temerosos o paranóicos, ya que esto es precisamente lo que los agresores quieren lograr. El propósito de estos es crear una cultura de alarma permanente. Es mejor si uno actúa con cautela y al mismo tiempo no deja a un lado las oportunidades de ser feliz. Estoy segura de que a partir de ahora muchos padres y estudiantes cuestionaran la idea de matricularse en universidades lejos del hogar. Pero esto no debería suceder. Lo que ocurrió en Virginia Tech es la excepción y no la regla y, con este precedente, estoy segura de que las medidas de seguridad serán reforzadas por todo el país.

A partir de ahora, mis compañeras de cuarto y yo hemos decidido estar aun más conscientes de nuestra seguridad. Antes dejábamos la puerta de nuestro cuarto abierta cuando íbamos al baño del pasillo. Ahora no nos confiamos y llevamos las llaves con nosotras en todo momento, aunque sea más trabajoso tener que cerrar las puertas todo el tiempo. Estos pequeños detalles pueden crear una diferencia significativa. Aparte de eso, hemos decidido no permitir que el pánico o el temor excesivo nos domine. Siempre y cuando haya vida, creemos que debemos vivirla a plenitud, disfrutando cada segundo personalmente y en nombre de aquellos que no tuvieron tiempo de disfrutarlos.



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